De partícula a onda. De humano a Dios.

Entre los dos hemisferios cerebrales hay una puerta por donde el alma se introduce al encarnar. Es a través de este canal de salida y entrada, por donde vamos disminuyendo la densidad del cuerpo y de la mente.

Recogemos información de los fotones provenientes de cualquier estrella, pero sobretodo de aquella en torno a la que gravitamos cuando estamos encarnados. De esta manera vamos comunicando a nuestras células, mediante patrones de interferencia de ondas, la manera en la que se debe ir subiendo la vibración en cada parte del cuerpo, de la función del pensamiento y de la conciencia; para que poco a poco nuestra alma, nuestro espíritu eterno, experimente la encarnación en un organismo que cada vez es más onda y menos partícula.

Por consiguiente, encarnación tras encarnación, ya sea como ser humano en la Tierra o como cualquier otra forma que el creador considere oportuno que adoptemos, vamos convirtiendo el universo, toda la creación, en más onda y menos partícula; hasta que llegue un momento en el que todo lo creado seamos onda y nos vayamos acercando a ser cada vez más parecido a nuestro Creador, es decir, a nosotros mismos. << Yo soy la Divinidad>>

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